Chorros

Las aplicaciones más enérgicas de agua fría son los chorros y especialmente el llamado chorro fulgurante o de pitón. Es por esto que con mayor razón se necesita acumular calor antes y después del baño, a fin de asegurar una reacción térmica duradera en la piel para así equilibrar las temperaturas del cuerpo.

Chorro de Pitón

 

Chorro fulgurante o de pitón. Este tipo de chorro, al sacudir profundamente al cuerpo, despierta una reacción térmica enérgica y duradera, con lo que se combate la fiebre interna y se favorece una activa eliminación de la suciedad interior. Su efecto estimulante lo hace de incomparables beneficios en temporada de calor. Quien lo prueba una vez, difícilmente lo olvida.

 

Se recomienda para toda persona, sana o enferma y, especialmente, en anemias y casos de fuerte recargo de grasas, las que poco a poco van desapareciendo bajo su acción, que Kniepp compara con la de una varilla que, azotada sobre un vestido, hace salir el polvo acumulado.

 

Se aplica con una manguera que dé salida con fuerza a un chorro delgado de agua que se proyecta a cinco o seis metros de distancia.

 

Tanto en los chorros de pitón como en los parciales se deben seguir más o menos las mismas indicaciones dadas para la frotación, siendo convenientes empezar siempre por el talón derecho, desde donde el chorro lentamente sube hasta la parte posterior de la rodilla para seguir a la cadera, bajando nuevamente al punto de partida. Lo mismo se hace en la pierna izquierda y luego al frente, abarcando las otras partes del cuerpo. El llamado chorro de perro, en cambio, comienza por la mano derecha regando únicamente los brazos y la espalda.

 

Todos los chorros exigen tener bastante calor en el cuerpo e inclusive estar sudando y su duración será de dos a cuatro minutos cuando más. La técnica del pitón, según la enseñaba el Padre Tadeo, es la siguiente:

 

El chorro tiene que ser delgado y no debe durar más de tres minutos. La distancia a la que se proyecta el agua será como de cuatro metros.

Otros chorros

Chorro de rodillas: Este chorro se aplica desde las rodillas hacia abajo por delante y por detrás, siendo el único que no necesita empezar por el talón derecho. Su efecto es descongestionante del bajo vientre, cuello y cabeza y está indicado en los casos en que hay afecciones de los órganos de esas regiones.

Chorro de piernas: Comprende sólo las piernas, obra como derivativo del pecho y la cabeza, actuando en forma muy favorable y eficaz sobre el estómago, los riñones y la vejiga.

Chorro de espaldas: Esta aplicación abarca todo el plano posterior, desde los talones hasta los hombros y promueve una enérgica reacción circulatoria.

Chorro de perro: Para tomar este baño basta con descubrir el tronco y colocar las manos en el fondo de una tina o bañera para recibir el agua fría desde la mano derecha, regando un brazo y después el otro, para luego derramar el agua sobre la espalda sin mojar la cabeza. Este baño es especialmente tónico para los órganos del pecho, los pulmones y los riñones.

Por regla general los chorros parciales deben alternarse entre sí y combinar con el de pitón o frotación, tomando la aplicación parcial en la mañana y la total en la tarde. La razón de esta advertencia es que, si se repite diariamente un chorro local, puede perturbar la normalidad circulatoria de la sangre atraída continuamente a la zona que recibe el baño.

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